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PARA LA COMPREHENSIÓN DE LA SOCIEDAD EN SU HETEROGENEIDAD


“Lo imaginario no significa ficticio, ilusorio, especular, sino una posición de formas nuevas, y posición no determinada sino determinante; posición inmotivada, de la cual no puede dar cuenta una explicación causal, funcional o incluso racional (.....) Estas formas, creadas por cada sociedad, hace que existan un mundo en el cual esta sociedad se inscribe y se da un lugar….Mediante ello es como se constituye un sistema de normas, de instituciones en el sentido más amplio del término, de valores, de orientaciones, de finalidades de la vida tanto colectiva como individual. En el núcleo de estas formas se encuentran cada vez las significaciones de imaginarios sociales, creados por esta sociedad, y que sus instituciones encarnan"
Castoriadis, Cornelius; El avance de la insignificancia, Eudeba, Argentina, 1997; Pág. 195.
Así, para el sociólogo Michel Maffesoli, la socialidad es una clasificación necesaria para el análisis de una sociología de la vida cotidiana u ordinaria; donde la experiencia en el otro, fundamenta la comprensión de nuestra era. De esta forma, de manera dialéctica, las denominadas Tribus Urbanas a modo de expresión y alejamiento de la monotonía de lo institucionalizado, van a ser representantes de un “nuevo espíritu del tiempo que se puede llamar con el nombre de socialidad”.
Parafraseando a Mario Margulis, precisamente estas tribus urbanas logran la socialidad identificándose con ciertos estilos o looks en el que entremezclan ropas, peinados, accesorios, gustos musicales, manera de hablar, lugares donde encontrarse, ídolos comunes, expectativas comunes e ilusiones compartidas. Así, la tribu funciona como mecanismo de identificación entre semejantes y de agregación de los diferentes bajo la ley de la coincidentia oppositorum, la cual hace que las cosas, seres y fenómenos completamente opuestos puedan unirse y sintonizarse en respuesta a las reglas y normas establecidas.
En consecuencia, algunas de las características que podemos identificar a partir de la denominada socialidad, es su alto contenido afectivo y de intimidad en la experiencia en el otro de manera desinteresada –estar/juntos- al interior del grupo; el desplazamiento de la dicotomía sujeto/masa por el de persona/grupo de manera desindividualizante por intermedio de experiencias compartidas y la reafirmación de vínculos mediante la moda o estilo como eje articulador, a través de manifestaciones tan diversas, como lo son la música, el baile o el graffiti, lo cual hará notar su resistencia frente a la apatía del individuo de la sociedad de masas.
De esta forma, la socialidad emergente que brota ante nuestra mirada, “por muy extraña que parezca, no puede dejar a nadie indiferente”, ya que quiérase o no, constituye en nuestros días, un constructo cotidiano joven de una riqueza incalculable.
“Es muy frecuente que al llegar a los cuarenta, un buen día nos aborde el aspecto adiposo que ha tomado ese cuerpo cuya esbelta silueta todavía recordamos (…) Lo mismo sucede con el pensamiento. La audacia, la curiosidad y la vivacidad del espíritu se van perdiendo progresivamente por efecto de esas grasas nefastas que son la pereza y el establecimiento a lo institucional”.
(Maffesoli, 1993: 10)